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Análisis Juego de Tronos 7x02 - Bajo la tormenta

De la responsabilidad y la confianza en aciagos momentos.

Cuando un capítulo de Juego de tronos es dirigido por Mark Mylod y está escrito por Bryan Cogman, podemos encontrarnos con dos posibilidades: que sea una auténtica genialidad y nos ofrezca una buena dosis de entretenimiento sin concesiones o que acabemos topándonos con un pastiche mediocre capaz de ofrecernos algunos momentos, cuanto menos, discutibles. Poniéndonos en antecedentes, debemos recalcar que Bryan Cogman es el mejor guionista de los que tiene HBO en su plantilla dentro de Juego de tronos: todo un garante de la cultura y el trasfondo de Poniente, y de lejos, la persona que más controla todas las páginas de Canción de Hielo y Fuego de George R.R. Martin. Es capaz de hilvanar homenajes, detalles y referencias de una manera mucho más exquisita que Weiss y Benioff -showrunners y productores de la serie-, provocando en algunas secuencias todo un síndrome de Stendhal al espectador que es también es lector.

Pero también es un guionista muy volátil, maleable, que parece intentar ocultar sus propias carencias con engranajes toscos que buscan complacer a los productores y su inherente y particular tono otorgado a la serie, algo que termina por ofrecernos momentos ciertamente vergonzosos. Bajo la tormenta tiene tanto de los primeros destellos como de los segundos, pero gracias a un irreprochable montaje, una increíble puesta en escena y un pulso narrativo muy inteligente, nos regala un segundo episodio notable que funciona como un binomio perfecto junto a Rocadragón.

Tormentas dentro y fuera de Rocadragón

Weiss y Benioff prometieron una séptima temporada más acelerada que de costumbre, en parte por la colisión de tramas que hasta ahora no habían tenido la suerte de cruzarse o coincidir ni de forma geográfica ni de manera argumental y por otra, por la reducida planificación y duración de la misma, que pasa de diez episodios a siete. El arranque de Bajo la tormenta es casi poético: una tempestad azota Rocadragón, casi la misma que azotó en su día la isla bastión de los Targaryen cuando Daenerys nació y tuvo que huir hacia Essos, cruzando el Mar Angosto como exiliada. Allí, entre sus salones, la ya adulta reina dragón estudia cómo afrontar su dura conquista de Poniente. Ya está en casa, sí, pero debe ganarse los corazones y mentes de los habitantes de los Siete Reinos.

Tormentas dentro y fuera de Rocadragón

Entre tenues luces y el incesante ruido de las olas que azotan los oscuros acantilados de la isla, nos encontramos con una dura prueba de lealtad y fe impuesta por Daenerys -Emilia Clarke- hacia Varys -Conlet Hill-. ¿Por qué confiar en una persona que ha traicionado a tantos reyes y nobles a lo largo de su vida? ¿Por qué tener a alguien así tan cerca cuando es capaz de deponer coronas de la noche a la mañana? Las dudas son grandes, y que aparezcan ahora, justo cuando Desembarco del Rey está al alcance de sus manos, pueden parecer artificiosas pero lo cierto es que son funcionales a nivel televisivo. Mezclan muchos de los pensamientos del espectador y los incrusta y verbaliza en boca de la reina de plata, que ofrece ese desliz tan propio de la sangre de dragón: si estás conmigo, te recompensaré; si me traicionas, te quemaré.

Estas antiguas salas de mapas y figuras, también nos sirven para que seamos conscientes, de una forma física y visual, de los ejércitos que tiene Daenerys en su poder. El poder de la casa Tyrell, la fuerza naval de parte de los Greyjoy y el apoyo de Dorne, junto a su propia horda dothraki, su ejército de Inmaculados y los tres dragones. En estas lindes se demuestra una vez más la vasta inteligencia militar de Tyrion Lannister -Peter Dinklage-, aquel que una vez defendió Desembarco del Rey de los envites de Stannis Baratheon, buscando asestar golpes morales en determinados puntos calientes de Poniente, como Roca Casterly -bastión ancestral de los Lannister-. Sí, no es nada que Juego de tronos no haya ofrecido en otros momentos -siempre que Tyrion está en pantalla hay algo que rascar, es uno de los personajes preferidos de Martin y uno de los niños mimados de Weiss y Benioff-. Pero quizás el punto de cocción óptimo de toda la secuencia es el pequeño parlamento en privado de Olenna Tyrell -Diana Rigg-.

"Los señores de Poniente son ovejas. ¿Sois una oveja? No, sois un dragón. ¡Sed un dragón!"

Más forzada es la llegada de Melisandre -Carice Van Houten-, la Sacerdotisa Roja, a Rocadragón. Sí, es un elemento visual que usa HBO para recordar la profecía y la importancia de la verdadera lucha al espectador -y para recordarnos el uso del valyrio-, pero seguimos creyendo que los guionistas no tienen claras ni las distancias de Poniente, ni su geografía ni el uso correcto de determinados personajes. Sobre Missandei y Gusano Gris, uno de los pozos oscuros e insondables de la adaptación junto a todo lo que rodea Dorne, mejor ni hablar: uno de los temidos puntos negros de los guiones de Cogman. Lo que debería haber sido una secuencia delicada, intima y hasta bonita -¿hasta qué punto se puede amar o desear a alguien cuando te han eliminado cualquier rastro de humanidad y sexualidad de tu ser?-, acaba pareciendo un cliché de película subida de tono mala y torpe.

En Desembarco del Rey instalarás a una Reina y todos la amarán desesperados

La huida hacia adelante de Cersei Lannister -Lena Headey- es clara. Tras debatir con su hermano las pérdidas ocasionadas a la casa Lannister -tanto personales como militares- y evaluar con tesón cuáles pueden ser sus aliados y nobles afines, la leona regente decide convocar a sus banderizos en la Fortaleza Roja. Cersei es consciente de lo peligroso que es tener una pretendiente al Trono de Hierro como lo es Daenerys Targaryen, y más cuando se cuenta con una horda de salvajes y soldados extranjeros forjados entre grilletes, así como con tres pantagruélicos dragones capaces de derretir piedra y acero. Usando tretas propias de su padre -los ecos de Tywin Lannister son tan evidentes que asustan-, recuerda a los pocos asistentes cómo el Rey Loco casi echa al traste años de paz en Poniente. No puedes fiarte de un Targaryen que pretende tomar lo que le es suyo con sangre y fuego.

En Desembarco del Rey

Las dudas no tardan en llegar, principalmente visualizadas por un Randyll Tarly -James Faulkner- que se come la pantalla y a todos los que están a su alrededor con todas y cada una de sus apariciones. Sí, el mejor estratega de Poniente quizás pueda liderar las tropas de la Corona, pero ¿cómo se derrota en batalla a un arma virtualmente temible como lo es un dragón? "Si respira, se puede herir. Si está vivo, se puede matar." Conduciendo a Cersei a las mazmorras de Desembarco del Rey, en aquellos salones en los que se guardan los cráneos de los dragones y los restos olvidados de la dinastía Targaryen -atentos al guiño de Cogman al Terror Negro, Balerion-, Qyburn -Anton Lesser- y un grupo de los mejores herreros e ingenieros de Poniente en secreto, han estado desarrollando una balista capaz de perforar hasta la más resistente y densa escama. Los dragones, como cualquier ser que habita y vive bajo el cielo, pueden morir. Y sí, una vez más, te debemos mucha iconografía visual, Peter Jackson.

En Desembarco del Rey

En las Tierras de los Ríos: de reina de la manada a loba solitaria

Uno de los errores de Juego de tronos en la pasada temporada, fue el de convertir la trama de Arya en un ir y venir de asesinatos poco cuidados, carreras sin sentidos y lustrosas frases de marcado sentido metafísico. Su preparación en la Casa del Blanco y Negro no estuvo a la altura -como otras tantas cosas en la serie-, pero parece que el viraje de Arya hacia una perspectiva más íntima, más tangible y real, ha cuajado. Su conversación con los banderizos Lannister sirvió como una bofetada sin guante a la forma de actuar de la pequeña gata de los canales -no existen buenos ni malos, y los vasallos de una casa no siempre tienen que ser hombres quebrados-.

En las Tierras de los Ríos

"Nymeria, soy yo, Arya. Voy al Norte, ¿sabes? Vuelvo a Invernalia. Por fin vuelvo a casa. Ven conmigo"

Si bien tenía decidido su destino, ir a Desembarco del Rey a degollar, literalmente, a Cersei Lannister, las noticias de Pastel Caliente sobre la toma de Invernalia por parte de Jon Nieve y la correspondiente derrota de los Bolton, transforman por completo la faz de la cambiacaras de Arya, desapareciendo por completo su faz taciturna y ligeramente torva. La mirada de Maisie Williams vuelve a ser la misma que antaño, y decide cambiar por completo sus prioridades y volver a casa. Una vez más, por el camino, encontramos uno de los guiños de Cogman al lector: Nymeria, la loba huargo de Arya Stark se ha hecho fuerte en las Tierras de los Ríos y lidera una manada de lobos entre los restos de las batallas y el crudo invierno. Pero si Arya ya no es la misma niña que una vez fue, tampoco lo es Nymeria, que decide irse por su camino y dejar a la pequeña loba Stark sola, huérfana, en su camino de vuelta a casa.

En las Tierras de los Ríos

El concurrido Mar Angosto

Cuando las cosas se hacen mal, y se toman decisiones erróneas en una adaptación puedes acabar pagándolas a lo largo de varias temporadas. Un error de casting -o varios-, un tratamiento desquiciado y poco acertado; una trama poco interesante. Algo parecido le ha pasado a los responsables de HBO con Dorne tras vender una burra preñada a los espectadores. Estos se dieron cuenta rápido del engaño y al comprobar las lindezas que llegaron a cascarse sus responsables, comenzaron a perder el interés. Los ejecutivos de la cadena decidieron corregir el rumbo de su nefasta versión de Dorne, el reino más sureño y exótico de Poniente, reduciéndole el número de minutos presente en pantalla, pero ni con esas. Las Serpientes de Arena, fruto de un reparto horrible, llegaron a tener unos míseros segundos en el metraje de la pasada tanda de episodios y Ellaria Arena -Indira Varma-, líder vengativa tras la muerte de su querido Oberyn Martell, acabó convertida en un desdibujado personaje que pasó de lo mejor a lo peor.

El concurrido Mar Angosto

Su despida ha sido más trágica si cabe. Si bien la emboscada naval de Euron Greyjoy -Pilou Asbæk- a la flota comandada por Yara Greyjoy -Gemma Whelan- y Theon Greyjoy -Alfie Allen- es irreprochable en el plano técnico -existe una labor de fotografía increíble en estos minutos-, y pese a que creemos que no habría de estado de más potenciar la niebla como elemento visual y ambiental y observar más de lo que debería ser una batalla entre experimentados piratas y marineros, el abordaje entre barcos es poco menos que soberbio. El uso del corvus romano por parte de Euron, así como su entrada en pantalla, asesinando a toda la dinastía y el matriarcado en Dorne, es poco menos que brutal y espectacular. De un plumazo, Weiss y Benioff -así como el que firma el libreto, Cogman- dejan que se hunda en el profundo Mar Angosto todo aquello que tiene que ver con Dorne. Y sí, la regresión de Theon a Hediondo, en ese momento en el que observa cómo todo se desmorona a su alrededor y en su interior, es brillante. Asustado, temeroso y poco orgulloso de sí mismo, el pobre Hediondo ha tomado una decisión tan cobarde como inteligente: saltar por la borda mientras todo arde en llamas.

El concurrido Mar Angosto

El precio del poder: Jon como líder

Si Frodo confió en Sam en su viaje a Mordor, Jon Nieve -Kit Harington- también confió en Sam cuando las cosas se pusieron feas. Samwell Tarly -John Bradley-, en su incesante labor de búsqueda de conocimiento, ha dado con la clave para derrotar las hordas de muertos que se ciernen sobre Poniente con cada ventisca y soplo del invierno en la Ciudadela de Antigua -mientras intenta curar la psoriagrís al bueno y leal Ser Jorah Mormont con la ayuda del Archimaestre Ebrose-.

El precio del poder: Jon como líder

"Todos me coronasteis Rey. No lo quise, pero lo acepté porque el Norte es mi hogar y nunca dejaré de pelear por él"

Jon, por lo tanto, no duda en informar y recitar a los señores del Norte el mensaje que ha recibido: en Rocadragón existe una montaña de vidriagón, el material que derrota a los Caminantes Blancos. Necesitan tanto mineral como sean capaces, pero la tarea no será fácil. Nieve ha recibido otro cuervo: Daenerys Targaryen le ha pedido, a través de Tyrion Lannister, que la visite para discutir los planes de conquista, alianza y colaboración futura. Jon, reflejo del honorable Ned Stark -las criptas de Invernalia siguen siendo ese lugar atávico, antiguo y especial-, decide partir al sur, ver a la reina dragón y dejar el Norte en manos de su legítima dueña: Sansa Stark -Sophie Turner-. El Rey en el Norte debe permanecer en el Norte, pero Jon tiene un cometido sobre sus hombros mucho mayor. Bajo la tormenta versa sobre eso: sobre la confianza en aquellos que nos rodean en los momentos más aciagos y oscuros.

El precio del poder: Jon como líder

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