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Análisis Juego de Tronos 7x03 - La Justicia de la Reina

Venenos del pasado y presente.

La serie de Dan Weiss y David Benioff, baluartes y garantes de la producción de HBO, es como un veneno: suave en boca, pero mortal y permeable cuando se introduce en nuestro interior. La ingestión de un capítulo de Juego de tronos en esta séptima temporada es un placer adictivo y culpable, pues es capaz de jugar con el espectador y el aficionado a Canción de hielo y fuego como la más mortal de las danzas. Al igual que en el peligroso juego de copas y cálices envenenados de esa obra maestra que es La princesa prometida, Juego de tronos arriesga, toma derroteros no esperados y presenta agradables apuestas que en el fondo, la forma y la manera llevan al destino que todos esperamos. La justicia de la reina ejemplifica a la perfección ese dulce y peligroso equilibrio que presenta esta temporada. Una receta que ha tomado cierto tiempo conseguir y que ahora muestra la más efectivas de las formas.

Juego de Tronos 7x03 - La justicia de la Reina

Daenerys y Jon: Errores del pasado, ecos del presente

No hay nada peor para una narración que un exceso de expectativas por parte del lector o el espectador en lo que se presupone que era, es y será uno de los momentos claves de la serie y quizás, y recalcamos ese quizás porque no sabemos nada a ciencia cierta todavía, también en las novelas de Martin. El encuentro entre Jon Nieve y Daenerys Targaryen, hielo y fuego, ha sucedido de la mejor forma y manera, sirviendo como ese epítome de la subversión de expectativas tan habitual en esta serie y novela río de inusitado éxito. El parlamento del rey en el Norte y la reina dragón ha sido tosco y frío, una muestra de liderazgos opuestos con intereses comunes pero distantes. Un feroz enconamiento racional e inteligente entre pareceres; distintas visiones de lo inminente y urgente en Poniente y el arquetipo viviente de cómo los errores del pasado pueden marcar y tener potentes ecos en el presente en dos personajes muy distintos, pero con destinos similares.

He hecho que el hielo y el fuego se unan

El diálogo entre ambos puntales de la serie sirve para mostrarnos una dicotomía constante dentro de Juego de tronos: ¿son culpables los hijos de los errores de sus padres? En un universo atroz de familias, dinastías y herencias, es habitual que los descendientes de determinadas casas usen el legado de sus antecesores como muestra de poder, honor y respeto. Pero a veces, y en el caso de la dinastía Targaryen esto sucede tristemente bastante a menudo, también es un arma de doble filo, pues todo Poniente y sus Siete Reinos recuerdan las recientes heridas sufridas por el Rey Loco, el último y desquiciado dragón que se sentó en el Trono de Hierro. Daenerys es consciente de que su familia no ha dejado un buen recuerdo en Poniente, pero al mismo tiempo, recuerda perfectamente hasta qué punto debe ejercer una imagen de monarca poderosa y no una simple pastora -como le comentó la reina de las espinas-. Se mueve en la cuerda floja: tiene al alcance de su mano aquello que le pertenece, pero quiere obtenerlo de la forma más correcta posible; sí, debe parecer fiera, pero es consciente del precio en vidas inocentes que puede llegar a costar un error. Paso a paso. Un pie tras otro. Su estampa, sentada en ese antiguo y atávico trono en Rocadragón, se queda grabada a fuego.

Juego de Tronos 7x03 - La justicia de la Reina

Pero como les gusta recalcar a Weiss y Benioff cada cierto tiempo, en Juego de tronos existen elementos más grandes, ocultos para la mayoría de habitantes de los Siete Reinos que consideran las historias de muertos, caminantes blancos y dragones, meros cuentos para niños y pueblerinos pocos leídos. Los tiempos cambian, y las leyendas cobran vida -encarnadas por ese dragón que vuela rasante, imperial y feroz sobre las cabezas de los norteños comandados por Jon y Ser Davos nada mas atracar en el bastión Targaryen-, y el bastardo de Invernalia está ahí para recordárselas a todos. Los dragones han despertado de su letargo, pero en el frío y distante Norte, más allá del Muro, también han abierto sus gélidos ojos azules legiones de criaturas vestidas de hielo y muerte.

Somos niños jugando a un juego, gritando que las reglas no son justas

Si bien su padre llevó el honor como escudo y bandera y eso le acabó costando la vida en su corta estancia en Desembarco del Rey, Jon no olvida el precio de la comandancia -no obstante, como recuerda en ese desliz Davos, fue apuñalado varias veces por sus compañeros de la Guardia de la Noche en su corazón por tan puro y caballeroso motivo-. Conoce el precio, lo ha pagado y sabe hasta qué punto hay que ceder, dialogar o hincar la rodilla. La sumisión no es una cuestión de retórica: hay que aparcar el juego de tronos para colaborar en la mayor empresa a la que se enfrentan los vivos. Pero no podemos hablar de Jon y Daenerys sin mentar al que es, probablemente, el verdadero artífice de este deseado encuentro: Tyrion Lannister.

Un sabio dijo una vez que no hay que creer en algo por querer creerlo

El enano sabe moverse en estos resbalosos entornos y salones llenos de reyes, nobles y princesas. Ha sobrevivido la mayor parte de su vida en base a comentarios ingeniosos, retóricos diálogos y bien ajustadas parábolas: sabe cómo trazar líneas claras en un mundo de gélida cortesía, tiránicos desplantes y frases lapidarias, ya sea en una mesa o en una sala del trono. Si bien en la serie ha demostrado ser un estratega un tanto torpe -más allá de la batalla del Aguasnegras contra la tropas de Stannis Baratheon ha perdido una flota y ha enviado al preciado ejército de Inmaculados a una situación un tanto peliaguda en el bastión de los Lannister, Roca Casterly-, tiene cierta predilección por los bastardos, los tullidos y otras cosas rotas. Su debilidad por Jon Nieve y el recuerdo del daño causado por su familia a los Stark sigue perenne en su desfigurado rostro plagado de cicatrices, y aunque torturado por sus fantasmas, más experimentado y con sus propios intereses en juego, Tyrion Lannister consigue de forma inteligente que Dany y Jon encuentren un punto en común: la reina de plata permitirá que el Norte pueda fabricar las armas necesarias con el vidriagón oculto en las vetas de Rocadragón. Para vencer, a veces, hay que ceder.

Juego de Tronos 7x03 - La justicia de la Reina

La envenenada justicia de la reina

Hay pocas cosas que sean más terroríficas que observar hasta qué punto puede luchar una madre por sus hijos; bueno, quizás ser el propio objeto de la ira de la citada progenitora. Cersei Lannister puede ser impulsiva y visceral en sus decisiones pero también es hija de Tywin Lannister, y eso, en el mundo de Poniente, son palabras mayores. La Guardiana de Occidente sabe perfectamente el tempo de la venganza, lo ha mamado de su propio padre durante años, que libraba sus propias luchas intestinas con otros señores de Poniente y que consiguió levantar con el sudor de su frente una casa casi de la nada tras las erróneas decisiones de su abuelo, hazme reír de muchos. No hay mejor piropo para Cersei que decir que es la misma imagen de su padre: sentada en el escritorio, recibiendo a los más distinguidos emisarios del Banco de Hierro de Braavos y tejiendo lentamente planes de conquista y venganza. Impagable nos parece esa secuencia del paseo de la vergüenza perpetrado por Euron -es la versión más macara de Errol Flynn que jamás hemos visto, aprenda usted, señor Depp- y las serpientes de arena de Dorne, que con cierta mala leche y sorna puede incluso interpretarse como una especie de metareferencia al espectador, que bien podría estar entre la muchedumbre que se agolpa en las calles de Desembarco del Rey increpando a los restos capturados de una trama que ha deslucido mucho a la serie.

Viviréis para ver pudrirse a vuestra hija y mientras meditareis sobre las decisiones que tomasteis

No hay mejor ofrenda para Cersei que servirle en bandeja de plata a las causantes de tanta muerte y desgracia en el seno de su familia. Y por consiguiente, decide tomar como ejecución una retorcida versión de la manera en la que decidieron asesinar en el distante reino sureño a Myrcella: con un beso mortal de despedida para una de las serpientes que, atada y encadenada en las mazmorras de Desembarco del Rey, morirá ante los ojos de su madre, Ellaria Arena. La dirección y el montaje en estos momentos, con esos primeros de una Ellaria con los ojos inyectados en sangre son capaces de estremecer al más pintado. Indira Varma siempre ha sido una actriz que expresa absolutamente todo con la mirada, y ahora, privada de aquella voz que nos regaló uno de los gritos más estremecedores de toda la serie al caer Oberyn en el recordado juicio por combate, llega incluso más. Es la yuxtaposición perfecta a aquel alarido: del sonoro estruendo al más forzado silencio. Mientras se cobra las deudas de sangre, observamos un retrato más humano de la leona, que vuelve a amar apasionadamente a Jaime y que ya no teme a nada ni a nadie. Un Jaime Lannister, que si bien sigue siendo una sombra de lo que hemos llegado a leer y entender en las novelas de GRRM, comienza a mostrarse más independiente y fuerte, alejándose del perfil de títere que hasta ahora había mantenido en la producción y dirigiendo con mano firme y ejecutora las fuerzas de los Lannister en batalla -sí, junto a Randyll Tarly-.

Juego de Tronos 7x03 - La justicia de la Reina

Mientras dejan desguarnecida conscientemente a Roca Casterly -en un movimiento inteligente que ha acabado dejando a las tropas de Daenerys y sus Inmaculados aislados en el bastión de los leones-, Jaime y los ejércitos Lannister desfilan hacia Altojardín para asestar el golpe definitivo a los Tyrell, aplacar la rebelión contra la corona y saquear las arcas de la casa más rica de Poniente en estos tristes e inestables momentos. "Los dragones no pagan con monedas de oro" argumentaba Cersei en su parlamento con el emisario del Banco de Hierro de Braavos. Ya sabéis: Un Lannister siempre paga sus deudas.

Juego de Tronos 7x03 - La justicia de la Reina

Pero la victoria de Cersei y su familia, además de monetaria, es sentimental. Los Tyrell fueron parte activa en el complot que llevó a Joffrey Baratheon a la muerte, usando el veneno como arma; resguardada en sus aposentos, Olenna espera y aguarda su final. El veneno preparado por los Lannister matará a la rosa, pero antes Jaime topará y sangrará con sus bien distribuidas y experimentadas espinas, verbalizadas en forma de duros y trágicos recuerdos que desembocan bajo la forma de reveladora confesión. Jaime, envenenado antes las palabras de Olenna en relación a la muerte de su déspota vástago, ha probado de boca de Olenna otro peligroso veneno, aunque éste no viene en forma de pócima. En cierta manera, el veneno ha sido el hilo conductor de este episodio de Juego de tronos. El veneno como arma; la palabra como veneno.

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El apretón de manos entre caballeros

No menos importante es la muestra del éxito de Samwell Tarly en su cura de la psoriagrís que afecta a Jorah Mormont. Salvado de la enfermedad que lo devora gracias al empecinamiento del potencial maestre, Mormont ha dejado de ser un hombre de piedra de corazón noble para convertirse en el abnegado caballero que un día cabalgó juntó a Daenerys. El apretón simbólico de manos entre ambos, simbolizando el gesto más honorable que pueden presentar dos caballeros -y del que hay una explicación preciosa en esa joya que es la película Contagio- que confían mutuamente el uno en el otro, es el ejemplo perfecto de que todo ha acabado saliendo bien. No obstante, Sam se ha jugado su puesto en la Ciudadela de Antigua, queda por ver qué consecuencias tendrá su obstinado y noble impulso de curar al hijo del que otrora le salvó la vida.

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Reencuentros y monstruos del pasado

No combatáis en el norte o en el sur. Librad cada batalla, donde sea, en su mente. Todos son sus enemigos, todos son sus amigos

Desde estas líneas hemos defendido, una y otra vez, lo grande que es Juego de tronos cuando juega con su propio legado como serie. Con su propia leyenda. El reencuentro de Bran Stark y Sansa Stark -tras una muestra de liderazgo de la loba pelirroja en el patio de armas de Invernalia y una frase inteligente de ese cada vez más aburrido Petyr Baelish-, es delicado, pero al mismo tiempo, frío. Ni Bran es el mismo chiquillo que antaño correteaba por las almenaras y tejados del castillo, ni Sansa es la misma niña que soñaba con príncipes y princesas. Sus ojos han visto mucho, y como recuerda Bran, también han padecido.

Lamento que haya tenido que pasar en nuestra casa. Era una noche hermosa. Nevaba como ahora. Y estabas tan bella en tu vestido blanco

A veces lo monstruos no caminan entre la nieve ni están muertos; como le ha recordado el Cuervo de Tres Ojos a Sansa, a veces, los muertos y los peores terrores caminan y han caminado en nuestra propia mente y corazón, infectándonos desde lo más profundo de nuestro ser. Es una lucha contra un veneno al que únicamente cada uno, en su soledad e intimidad más sagrada, puede ponerle antídoto de la manera que mejor sepa.

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